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Ano VI. nº 38, dezembro de 2007
espanhol
Índice

Editorial: Dos frentes de genocidio, un mismo combate

¿Para donde marcha la crisis de la vieja orden?

Continúa el cerco a las favelas

Proyecto prorroga sangría de la Seguridad Social

Fascismo explícito: la prohibición del derecho de huelga

Legalización de las centrales sindicales corona el peleguismo

Metalúrgicos dan nueva lección a los patrones

REUNI es reprobado por los estudiantes

La lucha campesina se hace oír

Hechizo se vuelve contra hechicero en el caso del apagón aéreo

La propaganda de esta Tropa de Elite

Expediente

EDITORIAL

Dos frentes de genocidio, un mismo combate

Traducido por Enrique F. Chiappa

Una nueva agresión policial al pueblo de las favelas es efectuada con el pretexto de combatir el tráfico de drogas y armas. Esta vez fue en la favela Corea, barrio de Senador Camará, zona oeste de la ciudad de Río de Janeiro, en 17 de octubre. El resultado de la “bien sucedida” (según la gerencia estadual) operación: quince hombres, un policía y un niño de cuatro años muertos.

Tales ataques policiales se tornaron una constante en la ciudad, pero en este veríamos una escena inusitada, al gusto de quien se divierte con la desgracia del pueblo: un helicóptero dispara contra dos hombres sin camisa y aparentemente desarmados, que corren desesperadamente cuesta abajo para salvar sus vidas. Al final del “reportaje”, el narrador anuncia: “Los dos bandidos fueron muertos”. Simplemente así. Solo faltó aplaudir la eficiencia de la policía, que se esmeró en demostrar como se aplica en Brasil, contra los pobres, la pena de muerte con ejecución sumaria y pública. ¿Alguien se habrá preguntado como las cámaras del monopolio de las comunicaciones se instalaron justamente allí, donde ocurriría el safari humano?

Si durante décadas los grupos de exterminio actuaron en las sombras, mismo que sabidamente compuestos por militares y miembros de las policías, ahora, en la práctica, el exterminio se revela asumidamente institucionalizado. A partir de 2 de mayo, día de la masacre del Complejo del Alemán, él se intensificó, dejando – hasta el cierre de esta edición – decenas de muertos, desde niños hasta ancianos. Este es el deseo de las clases más reaccionarias del país, expreso en la gran cobertura de la imprenta burguesa que, con júbilo justifica la matanza. Su clamor recibió como refuerzo la publicidad institucional de la película más cara producida en Brasil, ‘Tropa de Elite’ (vea la crítica a la película en esta edición).

Comandada por el señor Sergio Cabral, estimulado y aplaudido por los monopolios de la imprenta, la “política de enfrentamiento”, eufemismo que esconde la más torpe criminalización de la pobreza, es el incremento de la represión planificada, jamás vista, contra el proletariado de las favelas. Sin embargo, no hay eufemismo que resista a las declaraciones del señor Cabral y su lugarteniente, José Mariano Beltrame. El Secretario de “Seguridad Pública” declaró en 3 de octubre, textualmente: “Un tiro en Copacabana es una cosa; un tiro en la (favela de la) Corea, un tiro en el Complejo del Alemán, es otra”.

Ya Cabral, sin dejar lugar a dudas con respecto a su mentalidad tacaña y dejando fluir todo tipo de estupidez que el fascismo le inspira y despierta, declaró sin papas en la lengua, entre otras perlas que “Usted compara el número de hijos por madre en la Laguna Rodrigo de Freitas, Tijuca, Meier y Copacabana, es nivel sueco. Ahora, en la Rociña corresponde al nivel de Zambia, Gabón. Esto es una fábrica de delincuentes” (portal G1 – Globo–, 24 de octubre). Para el regocijo de la población de “Suecia” que aplaude el genocidio en “Zambia” y en “Gabón”.

Señal de los tiempos…Entretanto, de hecho, solo como farsa la historia se repite. Más un motivo para decir que el fascismo es la política del imperialismo para las colonias y semicolonias. Así, la “política de seguridad pública” aplicada en todo Brasil, como un medio de frenar la creciente revuelta y protesta popular, es una exigencia de la oligarquía financiera internacional, que cobra cada vez más sangre del pueblo brasileño mientras roba, impunemente, todas las riquezas del país. Acciones criminales esas, imposibles de cometerse sin dictaduras, disfrazadas o no, de los lacayos de turno.

II

En otra frente, el futuro inmediato de los trabajadores brasileños se proyecta como una condenación terrible a la desgracia. El Estado ataca con la prohibición del derecho de huelga, el desmonte de la Consolidación de las Leyes del Trabajo –que desde el punto de vista de los trabajadores nunca fue una gran ley– y la retirada de las garantías de la Seguridad Social.

Legislando, y de una vez, el Supremo Tribunal Federal simplemente extiende a los funcionarios públicos la vigencia de la reglamentación de la ley de huelga del sector privado – o sea la anulación cabal del derecho elementar de la huelga. (Lea: Fascismo explícito– La prohibición del derecho de huelga, en esta edición).

Sumado a este ataque al fragmento de la constitución que resguarda un mínimo de los derechos del pueblo, está en el Congreso el proyecto de ley 1987/2007, de autoría del diputado Candido Vaccarezza (PT-SP) que liquida la CLT sustituyéndola por un “nuevo” código de trabajo. Combinados, los dos son el más letal ataque a los trabajadores brasileños. O sea, se decreta que todo dependerá de la “libre negociación” entre patrones y empleados, al mismo tiempo en que es anulada en la práctica, dadas las restricciones impuestas, la única forma de presión y permuta de los trabajadores: la huelga.

La inevitable insistencia de los trabajadores en la acción huelguista será criminalizada de tal forma que hará parecer inofensiva la práctica del pasado, cuando la cuestión sindical era tratada como caso de policía.

La decisión del STF sobre el “derecho de huelga” y el proyecto de ley de Vaccarezza – cuya aprobación es preparada meticulosamente por un poderoso “lobby” es frenéticamente aguardada — desenmascaran otra vez el simulacro de democracia vigente, que la lustrosa publicidad trata de encubrir.

Los actuales gerentes, serviciales del imperialismo, desdeñan, fingiendo no saber que sus engendros serán ineficaces delante de la ola huelguista que, día más día menos, se levantará como avalancha tanto entre los trabajadores del sector privado cuanto del público. Se entretienen así, haciendo planes para mil años y armando estratagemas de cómo mejor garantirse y perpetuarse. Y con artimañas y sin ética ninguna — esto no importa más — se agarran como pueden al poder podrido.

Las masas ya comienzan a se desvencijar de las direcciones sindicales oportunistas. Tanto es que la pelegada*, oficial o no, se apresa en maniobras destinadas a pasar la imagen de que se opone a la expoliación desenfrenada. Y ciertamente los trabajadores impedirán los intentos de retirada de sus derechos y del consecuente rebajamiento de sus ya pésimas condiciones de existencia. La lucha más difícil e inquinada educará las masas a descubrir, con mayor profundidad, que en este sistema de explotación y opresión no hay siquiera alivio para sus sufrimientos y que no resta otro remedio que su abolición completa.


*Pelego: En Brasil nombre dado a aquel “líder” sindical o político que tiene la función de amortiguar y distraer la lucha de sus representados. Trabaja disimuladamente contra los intereses de los trabajadores

Traducciones: enriquerjba@gmail.com

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