Al mismo tiempo en que dejan un rastro de sangre y terror por
las favelas y barrios pobres de Rio de Janeiro, Cabral (gobernador del estado
de Rio de Janeiro) y Beltrame (secretario de seguridad) se
empeñan
en maquillar el exterminio, insinuando que la sede de los juegos olímpicos
de 2016 “no es violenta, con algunas regiones que presentan índices
europeos”. Pero, de acuerdo con datos divulgados en el inicio de noviembre
por el ISP – Instituto de Seguridad Pública, órgano del gobierno
del estado – la tasa de homicidios por cien mil habitantes, en 2008, en las
regiones nobles de la ciudad, como Copacabana y Botafogo, equivale al mismo
número de muertos por la PM en cualquiera de las consecutivas operaciones
policiales en las favelas del suburbio de Rio.

O enterro de Severino dos Santos, assassinado pela PM com um tiro de fuzil
José Mariano Beltrame es el Secretario de Seguridad Pública
de Rio de Janeiro. Seguridad para las clases dominantes, terror para el pueblo. Él,
que ya había dicho que la policía disparar contra el pueblo en
la zona sur es una cosa y en la favela es otra diferente, en 5 de noviembre último,
durante sesión de la Comisión de Seguridad Pública de
la Cámara de los Diputados, afirmó que Rio de Janeiro “no es
violento”. En medio a una tumultuada discusión sobre los conflictos
entre traficantes en la disputa por los puntos de venta de drogas del Morro
dos Macacos, el anuncio de Beltrame generó polémica. ONG y otros
grupitos reaccionarios infiltrados en los movimientos populares se retorcieron
en una revuelta sin causa, en perfecta sintonía con la arenga de los
gerenciamientos de turno y del monopolio de los medios de comunicación
para aterrar la masa, haciéndola creer que el Rio vive una “guerra” y
que el tráfico minorista es el “poder paralelo”.
Alientos divinos y federales
Verdad sea dicha. Ya se hicieron habituales las declaraciones del secretario,
derrochando el profuso fascismo con que agrede y busca intimidar el pueblo
pobre, su enemigo número uno. Algunas de ellas revelando la inspiración
y el estímulo para la masacre.
– Entrar en la lucha, como los americanos hicieron cuando tuvieron las
torres gemelas derrumbadas. Eso que yo pretendí, es eso que yo pretendo
y es eso que el gobierno federal nos señalizó y atendió,
gracias a Dios – bramó el ex policía federal, predicando
que el episodio, en el cual un helicóptero de la PM fue derrumbado
por traficantes minoristas, representaba el “11 de septiembre” de su campaña
contra las masas, disfrazada de guerra “al crimen”. Todo “gracias a Dios” y
a la gerencia Paes, Cabral y Luiz Inácio.
Helicóptero o torres gemelas, en Rio o en Nueva York, era la seña
aspirada por Bush, Cabral y demás gerenciamientos fascistas – teniendo
en consideración las diferentes proporciones –, para incrementar el
ataque al pueblo, requintado con toda la ira de las clases dominantes y sus
ponzoñosos perros de guardia para asuntos políticos.
El mapa de la violencia
De acuerdo con un estudio sobre homicidios por región, realizado por
el ISP - Instituto de Seguridad Pública - realmente existen barrios
de Rio que presentan índices de países escandinavos. Todos se
encuentran localizados en la zona Sur de la capital, donde se concentra la
burguesía y los ojos del monopolio de los medios de comunicación.
Por allá, la tasa de homicidios por cien mil habitantes en 2008, varió entre
dos y 12. Ya en barrios proletarios como Rocha Miranda y Santa Cruz la tasa
llegó a 75 homicidios por cien mil habitantes, desenmascarando estadísticamente
el carácter de clase de la violencia en Rio, de total responsabilidad
de este Estado sanguinario, enemigo número uno de las masas. Como dijo
Beltrame, “es un número muy pequeño de individuos para causar
un pánico en 16 millones de personas, y para eso correr el mundo”. Realmente,
empresarios, banqueros, latifundistas y gerentes de turno, son pocos. Trabajadores
pobres son muchos.
Aún de acuerdo con el estudio sobre los “autos de resistencia”, de
enero de 1998 a septiembre de ese año, las tropas del Estado asesinaron
10.216 personas. Una media de 2,4 muertos por día. A finales de los
años 90, esa media era de menos de un muerto por día. Después
que el ex gerente estadual, Marcello Alencar, integró a los salarios
de los policías una gratificación por “actos de bravura”, la
tasa presentó su primer crecimiento brusco. Hoy, el actual gerenciamiento
de Cabral y Beltrame, con el patrocinio resoluto de Luiz Inácio, es
responsable por una media de 3,3 asesinatos por día, índice jamás
registrado. Ya el número de prisiones en el mismo periodo en que Cabral
ocupa el palacio Guanabara, disminuyó 20,2 %, prueba de que la policía
prefiere más matar que prender.
Según otro estudio del ISP, entre enero de 2007 y septiembre de este
año, 20.255 personas fueron asesinadas en el estado del Río.
De esas muertes, 16,1%, o 3.272, son de responsabilidad de la propia policía.
Asesinatos que son disfrazados de “autos de resistencia”, dando origen a interrogatorios
en los cuales el policía aún es declarado como víctima
y deja la comisaría, amparado por el Estado y listo para cometer otra
barbaridad. Aún según el ISP, en los últimos diez años,
aproximadamente 10 mil personas fueron muertas por la policía.
Día a día bajo fuego
En noviembre, fueron deflagradas operaciones en los morros de la Fe, Vila
Vintém, Acari, Vila Alianza, Vila Cruceiro, favelas del municipio de
Belford Roxo y Niterói, entre otras, totalizando 16 personas muertas.
Solamente la semana posterior a la espectacular derrumbada del helicóptero
de la policía día 16 de octubre en el Morro dos Macacos, 45 personas
fueron muertas en operaciones policiales realizadas en favelas de la región
metropolitana.
El día 6 de noviembre, las cámaras del monopolio de la Red Globo
flagraron el momento en que policías del 6º batallón, durante
operación en el Morro dos Macacos, tiraban un balde de agua en un hombre
y enseguida lo agredían con golpes en el rostro. Como publicado en AND
59: La seña para el baño de sangre olímpica
en Rio, después de los enfrentamientos entre traficantes y la policía
de Cabral a finales de octubre, quienes pagan con el cruel ataque a su dignidad
son los trabajadores que habitan la región y necesitan cruzar cercos
de traficantes y policías, para trabajar todos los días y garantizar
su supervivencia.
El Funeral de un vendedor ambulante
“Son tantos Severinos, todos con un sino”.
Los versos de denuncia de
João Cabral de Melo Neto fueron trágicamente
revividos por una familia proletaria de Rio de Janeiro. Esta vez por responsabilidad
de otro Cabral, que nada tiene que ver con el poeta popular. La PM de Cabral
asesinó otro Severino.
El día 23 de octubre último, el ambulante
Severino de Santos, habitante de Vila Cruzeiro, salía de casa asustado
con la llegada inesperada de la PM en plena luz del día, mientras decenas
de niños y trabajadores
viven su sufrida rutina. Temiendo salir de la favela y montar su puesto en
la avenida Nossa Senhora da Penha, como hace todos los días, el comerciante
fue en búsqueda de la hija Marcilene dos Santos, de 12 años,
en la Escuela Municipal Presidente Eurico Dutra, donde la niña estudia.
En el camino, el trabajador fue alcanzado por un tiro de fusil en la cabeza
y llevado a las prisas para el hospital Getúlio Vargas, donde murió después
de haber ingresado.
Acostumbrado a la rutina de represión y robos del
choque de orden, antes de morir, Severino enfrentó el dolor de la pérdida
del hermano, obrero de la construcción civil que murió en razón
de un accidente de trabajo, otra dura realidad del proletariado en Brasil.
El cuerpo del vendedor fue enterrado dos días después en el cementerio
de Irajá bajo protestas de amigos y familiares.
– Fue una muerte
estúpida. Él era un buen amigo. Vivía
para la familia. Él tenía una niña de 12 años
y un pibe de 18 y era un trabajador honesto – contó el amigo
obrero Moacir Malaquias, de 65 años.
– Él es otra víctima
de la violencia que entra para las estadísticas.
Personas de bien se van rápido, mientras que quién hace esas
maldades no. Lo que hicieron con él fue una cobardía – protestó el
sobrino de Severino, João Cleiton Oliveira, de 31 años.
En
la misma operación policial fueron heridos Bruno de Barros, de 86
años, baleado en el rostro y en la espalda y Expedito José Rodrigues,
de 57 años, baleado en la pierna derecha. Los dos fueron examinados
por médicos del HGV y pasan bien.
Traducciones:
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