A Nova Democracia

inicio Edición en español n. 60, diciembre de 2009 Cabral y Beltrame intentan mascarar el genocidio
Cabral y Beltrame intentan mascarar el genocidio PDF Imprimir E-mail
Patrick Granja | Traducción Enrique F. Chiappa    

Al mismo tiempo en que dejan un rastro de sangre y terror por las favelas y barrios pobres de Rio de Janeiro, Cabral (gobernador del estado de Rio de Janeiro) y Beltrame (secretario de seguridad) se empeñan en maquillar el exterminio, insinuando que la sede de los juegos olímpicos de 2016 “no es violenta, con algunas regiones que presentan índices europeos”. Pero, de acuerdo con datos divulgados en el inicio de noviembre por el ISP – Instituto de Seguridad Pública, órgano del gobierno del estado – la tasa de homicidios por cien mil habitantes, en 2008, en las regiones nobles de la ciudad, como Copacabana y Botafogo, equivale al mismo número de muertos por la PM en cualquiera de las consecutivas operaciones policiales en las favelas del suburbio de Rio.


O enterro de Severino dos Santos, assassinado pela PM com um tiro de fuzil

José Mariano Beltrame es el Secretario de Seguridad Pública de Rio de Janeiro. Seguridad para las clases dominantes, terror para el pueblo. Él, que ya había dicho que la policía disparar contra el pueblo en la zona sur es una cosa y en la favela es otra diferente, en 5 de noviembre último, durante sesión de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de los Diputados, afirmó que Rio de Janeiro “no es violento”. En medio a una tumultuada discusión sobre los conflictos entre traficantes en la disputa por los puntos de venta de drogas del Morro dos Macacos, el anuncio de Beltrame generó polémica. ONG y otros grupitos reaccionarios infiltrados en los movimientos populares se retorcieron en una revuelta sin causa, en perfecta sintonía con la arenga de los gerenciamientos de turno y del monopolio de los medios de comunicación para aterrar la masa, haciéndola creer que el Rio vive una “guerra” y que el tráfico minorista es el “poder paralelo”.

Alientos divinos y federales

Verdad sea dicha. Ya se hicieron habituales las declaraciones del secretario, derrochando el profuso fascismo con que agrede y busca intimidar el pueblo pobre, su enemigo número uno. Algunas de ellas revelando la inspiración y el estímulo para la masacre.

– Entrar en la lucha, como los americanos hicieron cuando tuvieron las torres gemelas derrumbadas. Eso que yo pretendí, es eso que yo pretendo y es eso que el gobierno federal nos señalizó y atendió, gracias a Dios – bramó el ex policía federal, predicando que el episodio, en el cual un helicóptero de la PM fue derrumbado por traficantes minoristas, representaba el “11 de septiembre” de su campaña contra las masas, disfrazada de guerra “al crimen”. Todo “gracias a Dios” y a la gerencia Paes, Cabral y Luiz Inácio.

Helicóptero o torres gemelas, en Rio o en Nueva York, era la seña aspirada por Bush, Cabral y demás gerenciamientos fascistas – teniendo en consideración las diferentes proporciones –, para incrementar el ataque al pueblo, requintado con toda la ira de las clases dominantes y sus ponzoñosos perros de guardia para asuntos políticos.

El mapa de la violencia

De acuerdo con un estudio sobre homicidios por región, realizado por el ISP - Instituto de Seguridad Pública - realmente existen barrios de Rio que presentan índices de países escandinavos. Todos se encuentran localizados en la zona Sur de la capital, donde se concentra la burguesía y los ojos del monopolio de los medios de comunicación. Por allá, la tasa de homicidios por cien mil habitantes en 2008, varió entre dos y 12. Ya en barrios proletarios como Rocha Miranda y Santa Cruz la tasa llegó a 75 homicidios por cien mil habitantes, desenmascarando estadísticamente el carácter de clase de la violencia en Rio, de total responsabilidad de este Estado sanguinario, enemigo número uno de las masas. Como dijo Beltrame, “es un número muy pequeño de individuos para causar un pánico en 16 millones de personas, y para eso correr el mundo”. Realmente, empresarios, banqueros, latifundistas y gerentes de turno, son pocos. Trabajadores pobres son muchos.

Aún de acuerdo con el estudio sobre los “autos de resistencia”, de enero de 1998 a septiembre de ese año, las tropas del Estado asesinaron 10.216 personas. Una media de 2,4 muertos por día. A finales de los años 90, esa media era de menos de un muerto por día. Después que el ex gerente estadual, Marcello Alencar, integró a los salarios de los policías una gratificación por “actos de bravura”, la tasa presentó su primer crecimiento brusco. Hoy, el actual gerenciamiento de Cabral y Beltrame, con el patrocinio resoluto de Luiz Inácio, es responsable por una media de 3,3 asesinatos por día, índice jamás registrado. Ya el número de prisiones en el mismo periodo en que Cabral ocupa el palacio Guanabara, disminuyó 20,2 %, prueba de que la policía prefiere más matar que prender.

Según otro estudio del ISP, entre enero de 2007 y septiembre de este año, 20.255 personas fueron asesinadas en el estado del Río. De esas muertes, 16,1%, o 3.272, son de responsabilidad de la propia policía. Asesinatos que son disfrazados de “autos de resistencia”, dando origen a interrogatorios en los cuales el policía aún es declarado como víctima y deja la comisaría, amparado por el Estado y listo para cometer otra barbaridad. Aún según el ISP, en los últimos diez años, aproximadamente 10 mil personas fueron muertas por la policía.

Día a día bajo fuego

En noviembre, fueron deflagradas operaciones en los morros de la Fe, Vila Vintém, Acari, Vila Alianza, Vila Cruceiro, favelas del municipio de Belford Roxo y Niterói, entre otras, totalizando 16 personas muertas. Solamente la semana posterior a la espectacular derrumbada del helicóptero de la policía día 16 de octubre en el Morro dos Macacos, 45 personas fueron muertas en operaciones policiales realizadas en favelas de la región metropolitana.

El día 6 de noviembre, las cámaras del monopolio de la Red Globo flagraron el momento en que policías del 6º batallón, durante operación en el Morro dos Macacos, tiraban un balde de agua en un hombre y enseguida lo agredían con golpes en el rostro. Como publicado en AND 59: La seña para el baño de sangre olímpica en Rio, después de los enfrentamientos entre traficantes y la policía de Cabral a finales de octubre, quienes pagan con el cruel ataque a su dignidad son los trabajadores que habitan la región y necesitan cruzar cercos de traficantes y policías, para trabajar todos los días y garantizar su supervivencia.

El Funeral de un vendedor ambulante

“Son tantos Severinos, todos con un sino”.

Los versos de denuncia de João Cabral de Melo Neto fueron trágicamente revividos por una familia proletaria de Rio de Janeiro. Esta vez por responsabilidad de otro Cabral, que nada tiene que ver con el poeta popular. La PM de Cabral asesinó otro Severino.

El día 23 de octubre último, el ambulante Severino de Santos, habitante de Vila Cruzeiro, salía de casa asustado con la llegada inesperada de la PM en plena luz del día, mientras decenas de niños y trabajadores viven su sufrida rutina. Temiendo salir de la favela y montar su puesto en la avenida Nossa Senhora da Penha, como hace todos los días, el comerciante fue en búsqueda de la hija Marcilene dos Santos, de 12 años, en la Escuela Municipal Presidente Eurico Dutra, donde la niña estudia. En el camino, el trabajador fue alcanzado por un tiro de fusil en la cabeza y llevado a las prisas para el hospital Getúlio Vargas, donde murió después de haber ingresado.

Acostumbrado a la rutina de represión y robos del choque de orden, antes de morir, Severino enfrentó el dolor de la pérdida del hermano, obrero de la construcción civil que murió en razón de un accidente de trabajo, otra dura realidad del proletariado en Brasil. El cuerpo del vendedor fue enterrado dos días después en el cementerio de Irajá bajo protestas de amigos y familiares.

– Fue una muerte estúpida. Él era un buen amigo. Vivía para la familia. Él tenía una niña de 12 años y un pibe de 18 y era un trabajador honesto – contó el amigo obrero Moacir Malaquias, de 65 años.

– Él es otra víctima de la violencia que entra para las estadísticas. Personas de bien se van rápido, mientras que quién hace esas maldades no. Lo que hicieron con él fue una cobardía – protestó el sobrino de Severino, João Cleiton Oliveira, de 31 años.

En la misma operación policial fueron heridos Bruno de Barros, de 86 años, baleado en el rostro y en la espalda y Expedito José Rodrigues, de 57 años, baleado en la pierna derecha. Los dos fueron examinados por médicos del HGV y pasan bien.

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