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Tres jóvenes son secuestrados en el Morro de la Providencia, torturados en las dependencias de un cuartel del Ejército y, enseguida, supuestamente vendidos por los militares a traficantes de otra área, el Morro de la Minera.
La barbarie no fue encubierta apenas, porque hubo testigos y la revuelta explotó. Inmediatamente el monopolio de los medios de comunicación se levantó criticando la presencia del Ejército en el Morro. Pero basta un análisis retrospectivo para recordar que esa misma imprenta hace mucho tiempo que defiende que las fuerzas armadas actúen en la "seguridad pública" de las grandes ciudades brasileñas.
Inmediatamente las "autoridades", con el eterno presidenciable Nelson Jobin a la cabeza, seguido por generales de varias estrellas, se apresaron a pedir disculpas formalmente a las víctimas de las familias, pero destacando que el episodio no pasaba de un caso aislado en la vida de la corporación.
Ahora llueven críticas a una supuesta falta de entrenamiento del Ejército para tal actividad. ¿Falta de entrenamiento o un determinado entrenamiento? ¿No deberíamos entonces preguntar lo que pasa por la cabeza de un oficial y sus comandados para juzgar que pueden y deben practicar acto tan vil contra hijos de un pueblo pobre?
¿Qué preparación es esa? ¿Qué ideología, doctrina, entrenamiento recibe esta gente para practicar crimen tan hediondo contra el pueblo?
Apenas bellacos y tolos –porque de los incautos no se puede cobrar eso –pueden pensar que el adoctrinamiento conservador, reaccionario y fascista de la Fuerzas Armadas algún día dejó de ser aplicado.
¿Porque motivo esto habría de ocurrir, cuando tal institución ni siquiera es capaz de reconocer los crímenes de guerra –como la práctica sistemática de tortura, ejecución sumaria y desaparecimiento de prisioneros –cometidos contra los verdaderos y legítimos defensores de la democracia y de la liberación de nuestro pueblo y del Brasil de la explotación y del yugo imperialista y de sus lacayos internos, los grandes burgueses y latifundistas y su viejo Estado burocrático-semifeudal?
El hecho de haber quien crea que, con el fin de la gerencia militar, las Fuerzas Armadas cambiaron su naturaleza reaccionaria, transformándose en bastión de la democracia, no hace de la mentira una verdad.
Se tornan públicas posiciones de "jefes militares" contrarios a la ocupación. Hasta Lula dice ser "injustificable la presencia de soldados del Ejército" en el Morro. Solamente le faltó decir que no sabía que estaban allá, y con función de policía, como reveló el documento del acuerdo celebrado entre el Ministerio de las Ciudades y el da la Defensa.
Alegar que el ejército no estaba preparado para esa actividad es un bluf, cuando al mando de USA, el "glorioso Ejército de Caxias", a disposición de la ONU (entiéndase al mando de USA) en Haití, es el principal responsable por la represión a las masas que en aquel país resisten como pueden al gobierno marioneta impuesto por USA y sustentado por la Minustah. Más que bluf es cinismo, después de la apología hecha por los comandantes y Ministerio de la Defensa, justificando la presencia de las tropas en Haití. Además, esa misión se trata de avanzado entrenamiento para actuación en las favelas brasileñas.
Cuanto a ser un hecho aislado en la institución, convengamos que este es otro desgastado discurso de los que quieren salvar el viejo y pútrido Estado semifeudal y semicolonial brasileño. En esta condición, suena todavía más falsa la conversa del papel de las Fuerzas Armadas en la defensa de las "tradiciones democráticas", tan ridículamente predicadas por unos cuantos. Señores, no se trata de acto aislado alguno, tampoco de cualquier tradición democrática! .Es sí, un acto que en "tiempos de paz" es síntoma de la naturaleza perversa de un instrumento destinado a reprimir aquellos que desean que el nuevo suplante el viejo y a proteger ferozmente la propiedad privada de los grandes medios de producción por una minoría parásita. Las Fuerzas Armadas son lo que son: el brazo armado del Estado, o sea, de las clases dominantes explotadoras de los trabajadores brasileños.
¿O no estamos hablando de la misma institución nacida de los aplastamientos sangrientos de las revueltas populares republicanas como Farropillas, Cabanagem, etc.; episodios vergonzosos cínicamente llamados "pacificación" y del genocidio de la Guerra del Paraguay? ¿De aquella entrenada y nutrida en las masacres de campesinos de Canudos (donde no hubo sobrevivientes), Caldeirão, y Contestado, para limitarnos a los más expresivos; en la represión a los democráticos Movimiento Tenientista y Columna Prestes; de la misma institución que depuso un gobierno institucional y estableció la gerencia militar fascista pro-yanqui, que durante 20 años persiguió, prendió, torturó, y asesinó valerosos patriotas, demócratas y revolucionarios brasileños?
El ejército muestra nuevamente, su verdadera cara, que la población del Morro de la Providencia, centro de Río de Janeiro, ya había percibido. Sus denuncias, a partir del inicio de la ocupación encontraron eco en las páginas de A Nova Democracia, cuando ya se denunciaba provocaciones, achaques, invasiones de domicilios y otros abusos y arbitrariedades, prenuncio de lo que ocurriría después.
Pero la masa no perdió tiempo, en su ira arrancó la bandera de Brasil del asta en el alto del Morro y erguió en su lugar otra, negra, en señal de luto. Descendieron el morro y protestan en frente al cuartel, quemando un ómnibus y quebrando otros. En el lunes 16 de junio, en el sepulto de los jóvenes, otro elocuente acto manchó de rojo la bandera verde y amarilla. La manifestación en ese día se dirigió a la sede del Comando Militar Leste, donde fue reprimida por la Tropa de Choque del Ejército, tal vez un ejercicio de "defensa de las tradiciones democráticas".
Y mismo así no faltó quien dijese que las masas actuaron por orden del tráfico, en una clara tentativa de deslegitimar su protesto. Lo que revela inequívocamente los preconceptos y el desprecio que, encubiertos siempre por la fraseología patriotera y ranciosa, tal institución cultiva por nuestro pueblo.
En la ocasión, este periódico denunció también el carácter electorero de la obra en la Providencia, proyecto del candidato a la alcaldía de Río y ex oficial del Ejército, además de pastor evangélico, el senador Marcelo Crivella.
Y de repente, en 24 de mayo, o sea, solamente después de la cobarde masacre de los tres jóvenes, el Tribunal Regional Electoral de Río de Janeiro corre para embargar tales obras, y a esta altura dejando centenas de operarios desempleados, muchos padres de familia. Sin disculpa para permanecer en el Morro, los 250 hombres del Ejército se recogieron a los cuarteles. Curiosamente, en 25 de junio, al día siguiente, el gerente general Luiz Inacio anunció un decreto aumentando en 8% la Bolsa Familia.
Pero ese escándalo no debe tener un tratamiento diferente de los demás. Debe, si, sumarse a todos los hechos reveladores de la crisis de podrecimiento del viejo Estado brasileño y de todo su sistema político de gobierno, crisis que recorre de cima para abajo su estructura y vuelve su furia cada vez más contra las clases populares.
Son hijos de gobernadores, alcaldes y otros burócratas presos por corrupción, empresarios presos por evasión fiscal y formación de cuadrilla. Diputados y senadores envueltos hasta el cuello con esquemas de concusión, blanqueo de capitales, favoreciendo a cada medida al imperialismo... La magistratura a cada revelación de corrupción, no se olvida de golpear también el pueblo, criminalizando los movimientos populares.. La Policía Federal que nunca prendió tanto –también nunca soltó tanto como ahora– pero que es rigorosa cuando se trata de alguien que no tiene influencias.. y claro, los monopolios de la imprenta y el gerente general conmemoran la "eficiencia" de la PF fanfarroneando y haciendo marketing, en realidad un artificio para esconder la realidad de la podredumbre que domina todo el aparato estatal.
Pero esa es apenas la apariencia de la crisis, la pugna por las sobras del botín imperialista proporcionado por esas mismas clases dominantes, que entregan todo nuestro suelo subsuelo y hasta el espacio aéreo la rapiña imperialista que pesa sobre las espaldas de los brasileños. Ante la falencia de un sistema de explotación cuyo sistema político de gobierno se revela incapaz de contener la descomposición social, además de su propia degeneración que arrastra toda la sociedad para el hundimiento. ¿Hasta cuándo podrán eludir la atención del pueblo brasileño? Hay algo mucho más podrido de que las apariencias en la semicolonia de Brasil!
Mientras tanto, los campesinos y los proletarios de las más diversas categorías continúan resistiendo bravamente en la defensa de sus derechos pisoteados y la entrega de la nación, defendiendo la soberanía brasileña a través de la destrucción del latifundio y de las huelgas que cada día aumentan en cantidad y en calidad.
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